Hola Puntillers, muy buenas tardes.
¿Qué tal estáis? ¿Hasta el ñoco del calor? ¿Con ganas de llevar rebeca y doble calcetín? Pues así estoy yo también, "jaaaaaaaaaarta" de los calores, las humedades y de Mazón.
Con la intención de pasar el rato (y entreteneros aunque sea una poquita), hoy os traigo una reflexión locura de las mías: Colectivo LGTBIQ+ y mutantes.
No me he podido resistir al chiste.
Hay un fenómeno curioso que siempre me ha fascinado: la innegable conexión entre el colectivo LGTBIQ+ y el universo de los mutantes y superhéroes.
No hablo solo de la obvia representación de personajes abiertamente gays, lesbianas, bi o trans que, por suerte, cada vez es más frecuente. Hablo de algo más profundo, casi intrínseco, que trasciende la simple identificación. Una especie de imán que nos atrae a esas historias de seres "diferentes", "especiales" o "mutantes".
Hace poco, en una de esas noches de insomnio con el móvil en la mano (sí, a mis 47 años, soy presa fácil de las redes sociales a las 3 AM), me topé con un hilo que planteaba esta misma cuestión. Las respuestas eran un torbellino de reflexiones, desde las más obvias hasta las que te hacían detenerte y asentir con la cabeza. Y "mese" encendió la bombilla. Esto da para una entrada de blog.
Pensemos en la Patrulla X. El profesor Xavier y su alumnado son mutantes, con un "gen X" que les otorga habilidades extraordinarias. Pero, ¿cómo reacciona el mundo ante la mutación? Con miedo, discriminación, persecución e incomprensión. Son estigmatizados, marginados, y la sociedad se debate entre aceptar, "curar" o exterminar. ¿Os va sonando?
Para el colectivo, crecer en un mundo cis heteronormativo es, en muchos sentidos, una experiencia mutante. Descubrir que tu orientación sexual o tu identidad de género no encaja en el molde preestablecido es como activar un gen X interno. De repente, te das cuenta de que eres "diferente". Y esa diferencia, a menudo, te expone al mismo tipo de estigmatización y discriminación que sufren las personas mutantes de Marvel.
Recuerdo perfectamente mi adolescencia en la Valencia de los 90. No había internet, ni redes sociales, ni referentes. La palabra "gay" se susurraba o se usaba como insulto (y ni tan siquiera así, de tres letras, se utilizaban toooooodooooooos los sinónimos de maricón). Sentirse diferente era una losa, un secreto, un poder que no sabías cómo usar ni con quién compartir. Las personas mutantes, con sus secretos y sus luchas internas por encajar o por ser aceptadas, eran un espejo donde muches nos veíamos reflejades.
Muchos superhéroes tienen una doble vida. Viven con el peso de un secreto que, si se revela, podría poner en peligro sus vidas o las de sus seres queridos.
Para el colectivo, la experiencia de "salir del armario" es, en esencia, una "revelación de superhéroe". Durante años, vivimos con un secreto, ocultando una parte fundamental de quienes somos. El miedo al rechazo, al abandono, a la incomprensión, a la pérdida de lo que conocemos, es un villano constante. La decisión de revelar nuestra verdadera identidad es un acto de valentía extraordinario, un momento transformador que nos permite, finalmente, usar nuestros "poderes" (nuestra autenticidad) con libertad.
No os podéis hacer una idea, ustedes vosotras y vosotros las personas cis hetero, del vértigo que da ese momento en el que te la estás jugando con el primer "círculo" con el que has tenido contacto en tu vida.
Y, como los héroes, la revelación no siempre es bien recibida. A veces hay pérdidas, heridas, pero también se encuentran aliades, se construyen nuevas familias y se descubre una fuerza interior que no sabíamos que teníamos.
Otro punto crucial es el concepto de la "familia elegida". La Patrulla X no es una familia de sangre, sino un grupo de personas que se unen porque son diferentes y se apoyan mutuamente en un mundo hostil. La Mansión X es un refugio, un lugar donde pueden "ser", en toda la extensión de la palabra, sin miedo a los juicios.
Para el colectivo LGTBIQ+, la "familia elegida" es, a menudo, nuestra tabla de salvación. Cuando la familia biológica no entiende o no acepta e incluso nos rechaza y repudia, encontramos consuelo y pertenencia en la comunidad. Nuestres amigues, nuestres compañeres de activismo, nuestras parejas... elles se convierten en refugio, en nuestra Mansión X particular. Compartimos experiencias, nos curamos heridas y celebramos nuestras identidades juntes.
Las historias de las personas mutantes, son parábolas potentes sobre la justicia social, la lucha contra la discriminación y la búsqueda de la aceptación. La Patrulla X lucha por un mundo donde mutantes y humanos puedan coexistir en paz. Luchan contra el odio, contra la intolerancia, contra leyes injustas.
¿Y nosotres? Llevamos décadas luchando por los mismos derechos: el derecho a ser, a existir y a querer sin miedo. Luchamos contra prejuicios arraigados, contra leyes discriminatorias y contra la violencia que aún nos acecha. Cuando vemos a un superhéroe levantar su voz o su puño contra la injusticia, resonamos con esa lucha. Es nuestra lucha, en una forma fantástica y épica.
Finalmente, los mutantes son, a menudo, la máxima expresión de la reinvención. Personas ordinarias que, tras un evento extraordinario, adoptan una nueva identidad, un nuevo propósito. Se visten con un traje, eligen un nombre y se convierten en algo más grande que elles mismes.
Para muches dentro de la comunidad LGTBIQ+, la vida es un proceso constante de reinvención y autoaceptación. Nos reinventamos a medida que entendemos mejor quiénes somos, a medida que nos atrevemos a vivir de forma más auténtica. Elegimos nuestras propias identidades, nuestros pronombres, nuestra forma de expresión. Es un acto de empoderamiento, un vestirse con nuestro propio traje de "superhéroe" cada día.
Así que sí, creo que la conexión es profunda.
Las historias de mutantes y superhéroes no son solo entretenimiento; son espejos en los que el colectivo LGTBIQ+ se ha visto reflejado durante décadas. Nos hablan de la importancia de la familia elegida, la valentía de la autenticidad y la lucha incansable por un mundo más justo a largo plazo y para todas las personas que lo habitan, T O D A S.
Y en estos tiempos convulsos, donde el mundo parece ir a la deriva y los horrores del pasado resurgen, esas historias nos recuerdan que, aunque la batalla sea dura, siempre hay esperanza. Siempre hay un Profesor Xavier dispuesto a crear un refugio, un grupo de mutantes dispuestos a luchar por sus identidades, y un superhéroe interior en cada une de nosotres, esperando el momento de desplegar sus alas.
Quizás, a mis 47 años, con mis kilos de más y mis preocupaciones mundanas, el mayor superpoder es, precisamente, el de seguir creyendo en eso. Y en compartirlo con quien quiera leerme.
Un abrazo mutante desde Valencia.
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