¡Hola, mis Puntillers favoritas/es/os!
Soy yo, la hermana fundadora de la orden Como hilo por puntilla (a ver qué día me acuerdo y miro cuándo empezó este circo, que igual hasta hay que celebrar algún aniversario) y, con mis 40 y pico, sé una cosa o dos sobre lo que significa que el cuerpo y la mente empiecen a pedir un poquito más de "mimo".
Si has llegado a esta edad con una lista de anécdotas más larga que la alfombra roja de los Oscarses y una rodilla que cruje más que el pan tostado del bufé libre del Hotel Don Curro de Málaga, ¡este post es para ti!
Hoy no voy a hablar de dietas milagro ni de gimnasios con música a tope y "criptobros" de esos que huelen a toalla húmeda y yogur agrio. Vamos a hablar de "la herramienta" más barata (que no por ello menos valiosa) y efectiva que tienes: tus propias piernas.

