Hola Puntillers, muy buenos días, tardes, noches, tatuajes bajo los efectos del agua con misterio y decoloraciones de cabello tras una ruptura traumática.
Aquí me tenéis de nuevo, en carne y huesos, para compartir, desprovista de pudor, todo lo que me sucede/acontece/pasa en esta vida que me ha tocado vivir.
Hoy quiero compartir con vosotras la carta que escribí, desde lo más profundo de mi corazón y mis tripas, despidiéndome indefinidamente del activismo queer.
No soy capaz, aún a día de hoy, de leerla en voz alta sin ponerme a llorar como la prota de un culebrón de los güenos.
Necesitaba explicarme y despedirme.
Hola Compis,
Os escribo estas líneas con una extraña mezcla de nudo en el estómago y una paz que empieza a asomar muy tímidamente.
Son muchas las semanas que llevo dándole vueltas a este texto y al cómo redactar una despedida que, de algún modo, cierre un capítulo pero que lo haga desde la serenidad y desde la calma.
Finalmente he decidido que, aunque sea muy por encima, comenzaré por explicaros cómo llegué a la entidad y cuáles fueron mis motivaciones para formar parte del club.
Llegué a Lambda, cuando aún teníamos la sede en la calle República Argentina y lo hice totalmente conmovida por el asesinato de Samuel Ruíz. Tal vez fue porque acabaron con su vida cuando aún era un chiquillo, tal vez porque podíamos haber sido cualquiera de nosotras, tal vez porque sentía más rabia que dolor, decidí que era el momento de pasar a la acción y de unirme a la entidad que más historia de lucha tiene sobre sus espaldas y bajo sus cicatrices.
Llegué a Lambda después de haber sobrevivido a una de las etapas más oscuras de mi vida. Aún bajo los efectos de la medicación psiquiátrica y con un montón de fobias que me acompañaban desde el año 2019 (pensando, inocente de mí, que ese iba a ser mi peor año sin contar con la llegada del "preciosísimo" 2020).
Llegué a Lambda para ponerme de nuevo manos a la obra. Con un nuevo hito académico bajo el brazo y con muchísimas ganas de empezar a impartir talleres de lo que hiciese falta. Yo lo que quería era acumular experiencia y poner en práctica todo lo aprendido, probándome a mí misma que seguía teniendo el valor necesario para comenzar una nueva etapa en la vida. Esa vida mía que, hasta hacía unos pocos meses, había estado completamente patas arriba.
Llegué a Lambda siendo un maricón más pero que arrimaba su hombro a la lucha por la defensa de nuestros derechos, los de nuestras familias, los de nuestras hermanas en las calles de otras naciones, los de nuestras predecesoras y los de nuestras herederas.
Siendo todas estas las motivaciones que me llevaron hasta aquella pequeña puerta, con el videoportero vandalizado, creo recordar que había sido con espray, fueron otras muchas las vivencias que me estaban esperando.
Encontré una 2ª familia elegida. No solamente puedes formar parte de una, también puedes sentirte madre, hija, tía y amiga en una nueva “familia de corazón”.
Encontré historias y vivencias en las que me sentí reflejada, escuchada, vista, entendida y representada.
Encontré referentes cercanos y con los que me resultó más fácil comprender la sociedad en la que nos ha tocado vivir.
Encontré personas con ganas de cambiar las cosas, que no se conforman y que ponen sus cuerpos y sus voces al servicio de todo el colectivo, por y para todas las siglas, sin dejar a nadie fuera.
Encontré emociones a flor de piel, un ritmo trepidante (lo dije al principio y lo seguiré diciendo: “Lambda es un tren en marcha al que hay que subirse de un salto”), aprendizajes que no esperaba interiorizar, situaciones terriblemente duras, otras absolutamente enternecedoras y hasta historias de amor que se gestaron dentro de las paredes de cualquiera de las sedes en las que hemos estado.
Encontré la satisfacción de sentirme plenamente útil.
Pero hoy, mi cuerpo y mi mente me han pedido el turno de palabra de forma inapelable. He decidido que necesito tomarme un descanso indefinido de mis responsabilidades en la Ejecutiva, en el activismo y en el voluntariado.
Sabéis que para mí Lambda ha sido casa, refugio y motor durante mucho tiempo. Pero reconozco que los continuos ataques externos, urdidos por personas que no han querido asumir las consecuencias de los errores cometidos y que han preferido llevar a cabo “huidas hacia adelante” y todas esas sucias manipulaciones, basadas en falsos y artificiales mensajes de victimismo, me han pasado muchísima factura.
Nunca en mi vida hubiese podido llegar a imaginar que dentro del supuesto espacio seguro del activismo, iba a ser insultada y calificada de violenta. Además, he sido injuriada a estas alturas, en tantas ocasiones, que hasta esas feas palabras han dejado de tener sentido para adquirir la pesada y húmeda cadencia del estridente canto del guacamayo, chillando en la frondosa lejanía de la selva tropical.
Se ha intentado dar por verdadero el relato de que “he ocupado los espacios que no me pertenecían” y que “he desviado el foco de la atención hacia mi persona”. Que yo sepa, nunca he estado casada con un torero moreno de ojos claros, nunca he sacado un disco llamado Marinero de luces y tampoco me apellido Pantoja. Además, siempre he sido de La Más Grande, Rocío Jurado.
Si caigo bien, si soy más capaz y si tengo más habilidades sociales, pues chica, el problema lo tienes tú, amiga “activista premium”; que nunca te equivocas con los pronombres de nadie, que eres la que más palabrería suelta y que apenas has dejado “cadáveres” a tu paso…
Recuperando un poco la compostura escrita, “hoy quiero confesar” que esa hipervigilancia ejercida por las “activistas premium”, los intentos constantes de humillar a las que aún seguimos siendo leales a Lambda y a lo que representa, sumados a los orquestados intentos de ensuciar, una y otra vez, mi trayectoria en esta casa, me han dejado absolutamente agotada y han comenzado a pasarme mucha factura a nivel físico, mental y hasta a perjudicar mis horas de sueño y el desempeño de mi trabajo (de persona).
No me uní a Lambda para estar en el centro de nada.
No me uní a Lambda para ejercer la violencia, ni la he ejercido nunca.
No me uní a Lambda para ocupar el espacio de nadie.
Ahora necesito ser coherente con lo que estoy sintiendo y con lo que está diciendo mi cuerpo. Necesito recuperar el silencio, alejarme de todas las responsabilidades y volver a ser solo "yo", sin el escudo y la lanza puestos las 24 horas al día. Ahora mismo necesito tiempo para mí, tiempo para estar más centrada y también, porque no decirlo, volver al terreno de las relaciones sentimentales y de los ligues de una noche.
No es un adiós, pero sí es un "hasta luego" a la primera línea de fuego. Me voy con el corazón lleno de gratitud por todo lo que hemos construido juntas. Me voy sabiendo que esta casa, nuestra casa, se queda en las mejores manos posibles: las vuestras.
Vuestra fuerza, vuestra dedicación y vuestra ternura me han sostenido muchas más veces de las que sabéis, muchas. Y eso es lo que más voy a echar de menos.
Necesito este tiempo para recargar las pilas, para volver a encontrar el placer en las cosas pequeñas que no tienen que ver con la militancia y para volver a sentir que tengo algo que aportar cuando decida regresar. Porque para poder sostener a mis hermanas, primero tengo que estar entera y fuerte.
Voy a seguir formando parte de la Ejecutiva y de la entidad hasta el próximo congreso de mayo. Una vez celebrado este último, comenzará, por un tiempo indefinido, mi muy deseado periodo de desconexión y descanso del activismo.
Os seguiré de cerca, celebrando vuestros éxitos desde la distancia y sabiendo que, aunque yo pare por un tiempo, el mundo sigue girando hacia un lugar mejor gracias a vosotras.
Cuidaros mucho, por favor. No olvidéis abrazaros fuerte entre reunión y reunión.
Nos vemos pronto en las calles (pero esta vez, quizás, paseando tranquilamente).
Con todo mi cariño y orgullo,
Món

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