Hola Puntillers, muy buenos días, tardes, noches, calores, humedades, masificación turística insostenible y cambio climático disfrazado de "en verano siempre ha hecho calor ñiñiñi..."
Esta semana me siento profunda, reflexiva e inspirada (igual es por haber vuelto muy satisfactoriamente al divertido mundo de las citas con señores).
Será también por los picos de serotonina o por las oleadas de dopamina, pero me ha dado por pensar y analizar todo lo que me rodea (loca y en mi línea). Y entre todas esas cosas que he colocado bajo el "microscopio" de mi celebro, estoy en plena revisión de qué es lo que significa la amistad para servidora.
Me estoy haciendo vieja (2 pá 50) y estoy en pleno proceso de "poda" (y no solo de la barba de abajo). Estoy recortando alimentos que no me sientan bien y/o me dan acidez, también lo estoy haciendo con el azúcar y las grasas (adiós panceta empanada, te echaré de menos) y también lo estoy haciendo con algunas interacciones sociales que me dejan drenada, deprimida, acomplejada, insatisfecha y neurótica (porque no puedo evitar compararme y siempre salgo perdiendo).
Estos últimos años que estoy viviendo, en mis 40, noto que no solo estoy de lleno en un cambio biológico (maldito sea el envejecimiento celular y los rayos ultravioleta), también estoy experimentando una auténtica metamorfosis de niña a mujer que me obliga a mirar las cosas desde otras perspectivas.
Durante muchos tiempos, en los que me gasté la moneda en cubatas, saunas, entradas y chupitos, estuve sumergida en el bullicio del "ambiente". Atacá por la presión constante de encajar en "el grupo", en los "cánones estéticos", en las "tallas aceptadas", en las "modas permitidas", en los "manierismos" que hacían gracia, en tener que sentirme cómoda haciendo nudismo con las amigas cuando me apetecía un coño hacerlo, en ser la gorda graciosa y con personalidad, ... Sigo sin explicarme cómo fue que no acabé medicada mucho mucho antes.
Pero chica, a estas alturas, con las rodillas como las tengo y con la mortadela en la coronilla, la necesidad de aprobación externa me sopla muchísimo la punta la pipa y todas esas presiones de la "juventuz" empiezan a desvanecerse, dando paso a una tranquilidad (con la ayudita de algún medicamento recetado) que pensaba que nunca llegaría a alcanzar.
Y es, desde esa tranquilidad, que he comenzado a buscar otro tipo de vínculos; ya sean sentimentales, se( x )uales y/o de amistad. Principalmente de amistad.
He dejado de sentirme unida a la mayoría de mis amigas de siempre, lo que me hace estar en la mierda por encontrarme en ese proceso de ruptura.
Las últimas veces que me he forzado a quedar (es horrible lo que estoy diciendo), me he sentido como en una reunión de vecinas. La gente te suena, a alguna la saludas y/o le sujetas la puerta para entrar o salir pero hasta ahí, ya no hay nada más.
Ya no nos unen cosas importantes, solo algunas anécdotas. No hay contacto cercano, no hay cuidado del otro, no hay proximidad, ni metafórica ni física.
¿La amistad también muta con el tiempo? ¿Qué pensáis vosotras ustedes?
Y no quiero que parezca que soy yo la víctima y el resto de la humanidad me tiene manía. Que estoy zumbada pero no soy imbécil. Yo tampoco he estado pendiente de mis amigas, no las he llamado, no las he cuidado y he dejado que la distancia se hiciese cada vez más y más grande.
¿Qué ha pasado? Pues ni pupu idea.
Puede haber sido una mezcla de: ritmo trepidante de trabajo, estar más centrada en reconstruir el solar en el que se había convertido mi vida, los duelos que he tenido que transitar (muy heavys y muy seguidos), que mis vacaciones son en invierno, en que no me siento demasiado sociable y gasto toda mi batería social en mi laburo, en que no me gusta ir a las discotecas ni a los bares, tampoco me gusta darle al drinking hasta no saber andar recto,... Mecreodeque lo más importante ahora, para servidora, son los vínculos emocionales.
Yo ya no quiero tener que dedicar tiempo a relaciones que se sostienen en cimientos superficiales (pedazo de frase para poner en una camiseta).
En otras palabras, no tengo ganas de estar oyendo hablar, única y constantemente, de reformas en la séptima propiedad de este mes, de baldosas y su precio por metro cuadrado en euros, de los problemas con el decorador y sus excentricidades. No me apetece ser solo unas orejas, para monólogos interminables y vacíos que me obligan a acabar mirando el móvil, como si fuese yo una niñata enfadada.
La lealtad, la empatía y, principalmanta, el acompañamiento mutuo ante los desafíos que nos está trayendo la madurez —como los problemas de salud o la soledad— son los pilares sobre los que quiero sentirme sostenida, vista y entendida. ¿En serio que todo te va tan sumamente bien? ¿No hay nada que quieras compartir conmigo para que pueda apoyarte y acompañarte? ¿No necesitas mi amistad?
¿Cuándo vamos a hablar de de los problemas de pollafideo y de tener menos ganas de fofo? ¿O de nuestra próstata? ¿Cuándo vamos a hablar de si nuestro deseo ha cambiado con los años? ¿O de los hombres que nos gustan ahora? ¿Nos siguen gustando los mismos tíos? ¿Cuándo vamos a hablar de los dolores de espalda y los ingratos de carbono que nos atormentan? ¿O de lo chunga que es la gente nacida bajo el signo de Escorpio?
Yo NECESITO tener esas conversaciones y lo necesito para poder ir entendiendo todo lo que me rodea y no sentirme sola en la mierda.
Necesito de conversaciones profundas, compartir vulnerabilidades, pensamientos tristes y las cosas que duelen. No solo de reformas ajenas y de multitenedores se alimenta mi alma, necesito más (me refiero a cosas trascendentales, no seáis mal pensadas).
Al hacerme vieja, también he aceptado que me siento más independiente emocionalmente (puede que hayan influido las súper mierdas que he vivido en mis 2 últimas relaciones sentimentales). Esa independencia emocional se está haciendo, cada vez, más y más fuerte.
Me siento mucho más cómoda en mi piel (nunca antes me había sentido así), lo que me está permitiendo explorar amistades basadas en intereses comunes: haber hecho terapia, la cultura pop, los patrones familiares que tratas de no repetir, la infancia, las relaciones de pareja que se convierten en una despiadada competición, hablar de cagar, de aquella vez que me emborraché en una boda familiar, lo que me pasó con un chicle y mi ropa interior en una fiesta Cancaneo XL,...
Creo que no es malo darse tiempo entre amigas, no me siento mal por eso. Creo que me siento mal por la sensación que tengo de que ya no tenemos nada en común. Que ya no hay nexos ni vínculos y, ahora mismo, no tengo ni idea de cómo restablecerlos. También tengo claro que no es solo responsabilidad mía, que estoy loca pero no soy idiota.
Tened en cuenta que soy de ascendencia Cáncer: lo mío es el drama y hacerme la especialita/artista atormentada, pretendiendo siempre que todo gire a mi alrededor.
Igual no se ha entendido nada de lo que quiero decir (aunque he revisado esta entrada unas 17 veces y no estoy exagerando). Aún así, si has llegado hasta este punto, te amo, te adoro y gracias por tu compañía. Se siente muy bien el hecho de ser leída en una época en la que la gente no se decanta por la lectura, prefiere mirar tikitoki de esos y creerse lo que dice el tío pequeñete de Jiménez Losdemonios o la bigotona de la Carlos Herradora.
Os como la cara.

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